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CARGAMOS NUESTRA CRUZ?

By Carlos Hernandez on February 14, 2013 in Reflexiones
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Abraza tu cruz y sígueme,
Caminar cerca de Jesús no es fácil. ¡De hecho, es la manera más desafiante de vivir! Jesús describe cómo seguirlo. Él dice que tenemos que NEGARNOS a nosotros mismos. ¡Ah, eso no es divertido!
A nadie le gusta abrazar sus cruces (ni siquiera a Jesús). Queremos deshacernos de ellas, pero la única manera de experimentar la emoción de la victoria de la resurrección es atravesando la cruz. Esto significa aceptar nuestras cruces en vez de buscar una vida más fácil y cómoda.
¿Puedes abrazar las dificultades en tú vida como lo harías con un amigo? Verdaderamente, eso es lo que son las dificultades: son buenos amigos si permitimos que ellos nos acerquen más a Dios, si permitimos que nos instruyan en una santidad más grande, si permitimos que hagan crecer nuestra capacidad de amar y perdonar a los que hacen nuestro viaje desagradable. Esto es lo que significa negarnos a nosotros mismos.
No significa ignorar nuestras propias necesidades personales. Ni significa tratarnos mal. No significa que nos convirtamos en nuestro peor enemigo.
Negarnos a nosotros mismos significa que nosotros “perdemos nuestras vidas”, como lo puso Jesús, en las cruces que abrazamos, en lugar de luchar para proteger las vidas que preferiríamos tener. ¿No deseamos que todo salga a nuestra manera? ¿Y cuando las cosas no salen a nuestra manera, apoco no queremos halagar y manipular y orar e implorar para proteger la ilusión de cómo nuestras vidas deben ser (es una ilusión porque es nuestra idea, pero no es la realidad), ¿verdad?
Podemos, si trabajamos en ello lo suficiente, hacer nuestras vidas en lo que pensamos que es mejor para nosotros. ¿Pero cual es el costo de eso? Jesús dice que nos destruye. Perdemos el contacto con Dios. Perdemos las relaciones humanas. Nos perdemos a nosotros mismos en el proceso de conseguir lo que deseamos.
En la primera lectura de hoy, Moisés nos invita a escoger entre las maneras de Dios y nuestras propias maneras. Él nos señala las ventajas y las desventajas de nuestras decisiones.
Por supuesto que queremos hacer las cosas a la manera de Dios. ¡Pero abrazar nuestras cruces y negándonos a nosotros mismos es doloroso, ay tan doloroso!
Hay sólo una manera de hacerlo: Nosotros también debemos abrazar a Jesús (y así permitir que él nos abrace) mientras lloramos caminando hacia la Cruz.
Dichosos todos los que temen al Señor. La alegría que está disponible en el sufrimiento viene de confiar en Dios para un futuro bueno, y de estar arraigados en el Espíritu Santo que nos afirma, y de darnos cuenta de que el Señor transformará cada maldición en una bendic

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